Para ser humano en el tercer milenio, en la era de la salud y no de la enfermedad

  



 

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UN VIAJE DE IDA

Como ayudar ante una enfermedad grave Hay momentos en la vida en que uno debe hacer elecciones difíciles. Todo duelo, toda falta, toda pérdida y las formas de superación, están precedidas por una gran cantidad de decisiones que modificarán nuestro futuro inmediato como a más largo plazo. Lo que resulte de las decisiones tomadas tendrá una clara influencia en nuestra vida, haciendo que lleguemos buen puerto en ocasiones o naufragios en otras.

Cuando hay un familiar enfermo o un ser querido con una enfermedad de esas, tan temidas, no solo su por su inevitable final, sino también por lo que representa el desarrollo de la misma, sus inicios, su deterioro físico, su final, el grupo familiar sufre por y con el enfermo. Este grupo que tambien deberá ir adaptándose a las circunstancias limitantes que crecen con el avance de la enfermedad.

¿Cómo actuar ante el enfermo? ¿Nos hacemos los fuertes y aqui no pasa nada? ¿Debemos seguir tratando de complacerlo en todo, como una forma de disculparse por viejos errores por uno cometidos? ¿Nos entregamos a la desesperación y esperamos a que alguien nos consuele? Son muchas las preguntas que nos podríamos formular ante la impotencia de una realidad que nos supera emocionalmente ¿Que será mejor para el enfermo? ¿Cómo ayudarlo más en esa instancia de la vida? ¿De qué manera? ¿Hay que evitar determinadas conversaciones?. Quizás de estas preguntas, la más importante es como apuntalarlo, cómo contenerlo. Lamentablemente no hay una respuesta exacta que sirva para todos. La vieja frase no hay enfermedades sino enfermos, es muy conocida en estos casos. Cada paciente encarará su enfermedad de manera distinta, habrá quienes quieren ponerle nombre y apellido a su enfermedad para saber el nombre del enemigo que están enfrentando y cómo atacarlo. Otros prefieren esconder la cabeza y no ver el problema, no lo aceptan. De esta manera toda responsabilidad recaerá sobre los familiares.

Hay muchos factores que intervienen y nos obligan a tomar decisiones importantes con el agravante de que habrá que tomarlas de apuro, desde el médico con sus opiniones hasta el enfermo con las suyas. Siempre las primeras elecciones serán las de mayor importancia y las más duras porque si estas son acertadas tendremos más ventajas en la pelea que vamos a iniciar, el acierto en la elección del médico y del tratamiento, significará mayor calidad y tiempo de vida.

Uno se debate en preguntas porque nadie sabe a ciencia cierta cómo reaccionará el padeciente. Tenemos que pensar en él y no nos podemos dar el lujo de permanecer en el shock que causa el enterarse de una enfermedad que nos sacude emocionalmente tanto como al afectado. Entonces nuestras acciones tendrán que ver con la respuesta que el enfermo acusa sobre su afección, si enfrenta el desafío ante la mala salud y lucha por salir de la misma o se entrega pasivamente a su avance. Si se lo sostiene emocionalmente desde un primer momento, ése momento será muy especial.

En la actualidad , gran cantidad de estudios son continuos y cuánto más complejos para conocer la enfermedad, mejor posición tendremos frente al mal que le aqueja en tiempo y espacio. Cuánto más sepamos sobre el estado de salud de la persona afectada, mejor preparados estaremos para combatirla desde nuestros lugares como familia, logrando así mayores probabilidades de resultados satisfactorios en los tratamientos a los que sea sometido. Si logramos que la moral esté alta, será más sencillo tomar decisiones importantes que regularán el tratamiento a seguir. Será muy importante que tanto el paciente como la familia acepten a los profesionales tratantes, ya que la confianza total en éstos será un factor decisivo en el tratamiento y la posible cura.

Muchas veces el enfermo, ante la cercanía de la muerte, tiene un acercamiento al misticismo, a alguna creencia religiosa o refuerza su fe. Muchas veces abraza a alguna creencia que no es compartida con el resto de la familia, quizás pensando en alguna curación milagrosa o la obtención de un pase al paraíso, los familiares deben comprender (no convertirse), pero ser más flexible, entender, ya que cualquier cosa que ponga bien a nuestro ser amado será beneficioso para su tratamiento y/o cura, aunque se debe cuidar que no caiga en la irracionalidad que lo lleve a hacer actos perjudiciales aún más para su estado de salud.

Hay veces que el paciente se siente mutilado por alguna intervención quirúrgica a la que haya tenido que ser sometido o por algún tratamiento invasivo o agresivo, como la quimioterapia. Estos tratamientos suelen ser acompañados de malestares posteriores (descomposturas, decaimiento en general, pérdida de cabellos, etc), y a causa de esto, muchas veces, depresión y miedo. Con algunas cirugías se recomienda reparar esas partes del cuerpo que han sido expuestas, por ejemplo, colocar prótesis mamarias para compensar la pérdida de la autoestima y la depresión que supone encontrarse con una falta frente al espejo. En otro tipo de terapias, por ejemplo, las irradiantes, en las que debe movilizarse diariamente al enfermo, trae gran cansancio y estrés para él y su familia, quienes tendrán que optimizar los medios para llegar a horario a los tratamientos más agudos, teniendo que contratar ambulancias o pensar en internaciones breves. Como es lógico todo esto obra en contra del estado anímico del paciente. En estos casos, más que nunca tiene que aparecer el aplomo de los familiares, quienes tendrán que contener su angustia y sus miedos tratando de optimizar su ánimo, elevar su autoestima y tratar de lograr la confianza en la cura como meta posible.

Ahora, ¿qué hacer si el paciente después de uno de estos tratamientos traumáticos se deprime, se entrega, se abate y nos dice que está cansado de luchar, que sabe lo que tiene, que no quiere vivir así, que no vale la pena? En estos casos es indispensable, no solo el apoyo de la familia, sino tambien de un consultor psicológico. La tendencia actual de pacientes con tratamientos prolongados es la atención en grupos interdisciplinarios donde los médicos de cabecera interactúan con especialistas de todo tipo, incluyendo consultores psicológicos, psiquiatras, psicólogos, acompañantes terapéuticos, enfermeras, etc. Con mucha frecuencia los familiares deben concurrir solos y tener unas cuantas reuniones con los equipos de atención, para preparar una estrategia que ayude al enfermo. Esta estrategia se preparará teniendo en cuenta las características del paciente y su conducta en los momentos de crisis.

Hay enfermos que arrastran a sus familiares a ese estado de depresión, de desesperación, de agotamiento y miedo a la muerte, conspira el cansancio extremo a que está sometido y mucho más cuando depende totalmente de su grupo familiar. Es importante no caer en ese estado de depresión, generar la unión del grupo. La lucha no es fácil y cuanto más avance la enfermedad, más fortaleza anímica deberán poseer para mantener con calma y esperanza, ser como columnas que sostienen a nuestros seres queridos, preparados para ayudarlos a soportar la angustia y tratar de reconfortarlo.

Los consultores psicológicos, al igual que otros especialistas, podemos ayudar a sobrellevar esos difíciles momentos, siendo el cable a tierra muchas veces de la familia y del paciente. Aplacando la angustia con las estrategias de la consultoría es posible brindarles un tiempo y un espacio para que estén mejor preparados para luchar contra la enfermedad mediante una escucha especializada, información al día y la presteza necesaria para lograr la contención del paciente y su grupo familiar.


Clr. Alberto Levy
albertolevy@2vias.com.ar

Clr. Alejandro Zanella
alerx40@hotmail.com
 

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