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Para ser humano en el tercer milenio, en la era de la salud y no de la enfermedad

  



 

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El bullying

Creo que antes de hablar del tema en cuestión, deberíamos preguntarnos¿Qué es el bullying? El Bullying es un modo de maltrato entre personas, físico y/o psicológico deliberado y constante que recibe un sujeto por parte de otro u otros, implica una repetición continuada del maltrato, en un período más o menos prolongado en el tiempo.

Hablamos de Bullying cuando hay maltrato, daño, abuso, intención y desequilibrio de poder.

Alude a una manera negativa y extrema de abordar o pretender resolver un conflicto. No debemos de olvidar que un conflicto no es ni bueno ni malo, sino la forma en que se lo afronta.

El bullying existe de hace tiempo, y considero que no ha cambiado en su forma. Pero lo que sí parecería que comienza a moverse y por ende a cambiar son las distintas formas en que el tema es abordado y los escenarios que forman parte de este tipo de manifestaciones.

Por ejemplo, en internet, hoy existe el ciberbulling, donde el acoso tiene como característica ser entre iguales y de índole psicológico. Y creo que esta nueva plataforma propicia al aumento de bullying, y por qué digo esto, por que yo puedo estar todo el día conectada, incluso cuando no me dejen salir, o creyendo que estoy en casa protegida, provoco al otro, sin tener plena conciencia de cuáles podrían llegar a ser las consecuencias.

Igualmente debemos tener en cuenta que el ciberbullying y el bullying son dos cosas diferentes. El bullying puede terminar en ciberbullying pero el ciberbullying es más difícil que termine en bullying.

Si bien ambas tienen en común que son actos de violencia, donde hay un acosador, un acosado y todo esto se desarrolla frente a una platea que mira, el ciberbullying se ampara en el anonimato, por eso se dicen más cosas por internet que en persona ya que no hay una percepción directa e inmediata del daño causado y también es más propicio para la adopción de roles imaginarios.

En la población adolescente este tipo de manifestación ha crecido, y creo que sucede por que son emergentes de algo que ocurre en la sociedad, esta violencia no puede darse sin el poder que el sistema impone, ya sea el estado, la familia o las instituciones.

La violencia se aprende, de la misma manera que se aprenden cosas positivas para el desarrollo de la vida.

Deberíamos preguntarnos qué estan aprendiendo estos chicos de los adultos, si estamos inmersos en una sociedad cuyo paradigma es la exclusión, la identificación con ese poder favorece toda forma de sometimiento y de no pensar, ¿acaso estaríamos frente a la causa, que origina este tipo de comportamientos?

Creo que la prevenciión ayuda en este tipo de síntomas sociales a evitar casos extremos, donde el suicidio es el único escape que se encuentra posible para rescatar algo de la dignidad que se ha perdido.

El bullying trae consigo diferentes problemas, no sólo a las víctimas, sino también a los acosadores y a los que forman parte de la platea que observa. Las víctimas sufren de depresión, agresividad, soledad, conductas disruptivas en el aula, inseguridad, entre otras cosas.

Los acosadores en cambio son personas con baja autoestima que afirman su personalidad con esta forma de actuar. Es la violencia ejercida hacia otros que soy yo mismo.

La identificación masoquista de la víctima está también del lado del sádico, el victimario. Los adultos estamos fallando en la mirada. Acaso sería, ésta otra de las causas de estas manifestaciones?.

Pensemos que uno de los escenarios donde ocurren, este tipo de manifestaciones, es en las aulas, donde deberían estar los docentes o preceptores observando lo que está ocurriendo antes de llegar a mayores y sin embargo, parecería que no están.

Si los padres nos detuvieramos a mirarlos y a escucharlos, un rato, nos daríamos cuenta de que algo está pasando, no sólo “ver” si son víctimas de algún tipo de abuso sino de pensar que talvez sean ellos los que estén acosando o los que están observando.

En el fondo piden que los miremos. Que los defendamos. Que hagamos algo. El valor que adquieren los hechos en este tipo de escenas, se vuelven trauma si tienen impacto psíquico, por eso la importancia radica en la mirada del adulto, y su intención, si los miramos a nuestros hijos sintiendo lástima ese lugar está allí para ser ocupado por él.

Si los miramos siendo meros observadores de lo que les ocurre en la vida, así actuarán. Y si nuestra mirada es de intolerancia frente a sus actos, así se manifestarán con sus pares. Claro que no hay recetas mágicas y cada niño, cada adolescente, cada padre, cada familia, o cada institución harán de su realidad algo único. Está en los profesionales tener la flexibilidad de poder abordar cada caso de manera particular.

Estos son los desafíos de hoy.


Verónica Altamirano

Consultora Psicológica
Tel: 3221-2951
Cel.: 1553-760754
veronica.clr@hotmail.com

 

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