Para ser humano en el tercer milenio, en la era de la salud y no de la enfermedad

  



 

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Depresión mucho más que tristeza


Es la afección psicológica más frecuente: una en cada cuatro personas la padecerá en algún momento. En los adultos suele asociarse con el estado de ánimo abatido, en los niños se presenta como irritabilidad y aburrimiento, y las mujeres son más propensas a sufrirla. Aquí, consejos de especialistas.

Imaginemos un cuaderno escolar, esos de tapa dura, forrados en el clásico papel araña azul en el que los chicos repiten un pasatiempo que suele enojar a sus padres: el de ir arrancando de a poco el film satinado que protege el forro. El papel permanece, pero ha perdido su brillo.

Así es el mundo para los depresivos, similar al de cualquiera, pero precario y opaco. Las cosas buenas de la vida se perciben cada vez más lejanas y ajenas.

Sin embargo, la desdicha no es una condición irreversible: aun en los casos más graves, la depresión es un trastorno curable. Muchos son los recursos que pueden devolver a los depresivos la emoción de disfrutar -y padecer, claro está- la experiencia compleja y estimulante de la vida.

Buenos días, tristeza Está por todas partes, como una epidemia. Según la Organización Mundial de la Salud, la depresión es la patología mental más frecuente, hasta el punto de que durante el curso de la vida una de cada cuatro personas tendrá suficientes síntomas de depresión como para merecer algún tipo de atención. "Es, fundamentalmente, un trastorno del humor -explica el doctor Néstor Marchant, director del hospital Braulio Moyano-. Puede ir de un simple abatimiento a cuadros más graves. Su síntoma central es la tristeza."

No se trata de la tristeza inherente a la vida, esa sin la cual sería imposible reconocer también la alegría. La tristeza de la depresión es diferente. Tiene mucho que ver con aquello que Sigmund Freud definía como tedium vitae, el tedio de vivir. Un tedio que en la depresión se acompaña de otros síntomas: "Son muy frecuentes la angustia y la inhibición de la energía corporal; faltan las fuerzas y las ganas se descuidan, no encuentran placer en lo que hacen, están lentos, cansados; la mujer deja de sacudir las frazadas de la cama, pasan muchas horas viendo televisión o en la cama", explica el doctor Alberto Monchablón, secretario científico de la Asociación Argentina de Psiquiatras. El insomnio está presente en el 60% de los casos y delata precozmente el inicio de una depresión.

Son habituales los dolores de cabeza y las dificultades en la sexualidad, pues "muchas depresiones se enmascaran en el cuerpo", y los trastornos del apetito: las personas con depresión están inapetentes o se comen todo.

En el área del pensamiento también hay dificultades: "El depresivo se queja de falta de memoria
-dice Monchablón-, porque no presta atención al entorno, está fijado en sus pensamientos oscuros".

Las quejas, las ideas hipocondríacas, los sentimientos de inutilidad de las propias acciones y de culpa también están a la orden del día.

La necedad (no necesito nada, así estoy bien, suelen decir) es también muy típica. Sin embargo, no es que estas personas no quieran mejorar. Simplemente, no pueden hacerlo.

 

No todas las depresiones son iguales

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