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Hipocondría Puede aparecer una mancha en la piel, un dolor fugaz en alguna zona del cuerpo, tal vez una afonía, un resfrío, una gripe, un poco de fiebre, puede ser un ganglio inflamado, etc, todo esto es tomado como signos de alerta para quien está propenso a “mentalizarse” con que está terriblemente enfermo. Todos estos pueden ser signos pasajeros de que algo no está bien o está llamando nuestra atención para la recuperación de determinado problema de salud que no siempre está ligado a una enfermedad grave o terminal. ¡Cuántas veces nos ha pasado mentalmente la idea de un final inminente! Sobre a todo a los hombres. Asi como la histeria es un desorden más generalizada en las mujeres, la hipocondría es una alteración que afecta a la población masculina en gran medida. Por lo general la hipocondría es un desorden psíquico padecido en su mayoría por hombres que no siempre consultan a su médico por el temor a que les digan que realmente están enfermos y que tienen los días contados. Son personas que se deprimen fácilmente porque piensan que se van a enfermar o que se han contagiado ya de alguna enfermedad, entonces están constantemente alertas a alguna señal del cuerpo, pasan sus días rumiando la idea que están enfermos, que son víctimas de algún daño físico irreparable o que están próximos a contraerlo. Si llegara a suceder el caso que se enfermaran por un resfrío o gripe, el hipocondríaco se sentirá desfallecer, porque su vitalidad y su psiquismo se han debilitado tanto que romperán el esquema de la vida cotidiana de cualquier esposa, con requerimientos diarios insistentes. Por supuesto que a los pocos días se recuperarán y la vida seguirá su marcha como siempre. La hipocondría es un desorden que padecen muchas personas y aun cuando no existen signos visibles de alguna enfermedad, el afectado continuará con su creencia en la misma. Por lo general el que sufre este desorden pasa todo el día trabajando o haciendo sus actividades con un pensamiento obsesivo que fluctúa por debajo de los pensamiento principales indicándole una supuesta enfermedad, asociándola a cualquier cosa que pase por su pensamiento, encontrando justificaciones a su problema y con la eterna duda y desición eternamente aplazada de ir a consultar al médico "mañana mismo", lo cual no se concreta nunca. Es posible que pregunte, que ande leyendo revistas, libros, vea programas de televisión donde se tocan temas de salud, que se meta en internet y pase horas investigando sobre determinados problemas que le den un alivio a sus dudas y temores o que simplemente carguen con su cruz en el alma y anden como pobres almas desahuciadas casi todo el tiempo. En general quien padece este desorden (que son más de lo que uno cree y hasta uno mismo lo padece en determinados momentos de su vida), lo que tiene es un temor a la muerte inminente. Su orientación diaria en la percepción del mundo circundante le recuerda que todos vamos a morir y se hace tan patético en él que se convence de que "tiene algo". Todos en algún momento pasamos por etapas en las que tenemos esas presunciones funestas sobre nuestro destino y nuestra vida, el problema es que en algunas personas esto se hace crónico, se hace parte de su personalidad y se manifiesta como tal en todo sentido siendo constitutivo de la persona que anda a cuestas con sus dudas y temores. En realidad no hay ningún problema físico, no hay en el cuerpo ningún indicio de que el origen de la enfermedad se encuentre en el algún órgano, por lo cual la neurosis obsesiva queda circunscripta a las alteraciones de origen psíquico. Rastrear la alteración hasta llegar a su génesis puede ser positivo para dar con la clave individual que dispara este tipo de desorden en cada individuo, pero en general es dable reconocer que el factor social primario: la familia y sobre todo la madre ha jugado un rol importantísimo para el desarrollo posterior de los problemas individuales que afectan a la micro sociedad en la que se desenvolverá. Son personas que no han desarrollado una defensa psíquica ante el misterio de un problema simple en su niñez, puede que se hayan quedado con las dudas o con respuestas elaboradas por ellos mismos en la infancia, respuestas que no siempre son las más acertadas, pues están matizadas por la fantasía propia de la niñez. Crecen sin esas respuestas o sin el elemento que sutura la distancia entre la duda, el temor y la realidad. Allí queda abierto el terreno propicio para el desarrollo de posteriores conductas que no encontrarán fáciles respuestas y que conducirán a ciertos desordenes de la vida cotidiana. ¿Cual es ese elemento que sutura esas distancias? Tiene mucho que ver con la seguridad de actuación de los padres ante los problemas físicos y externos que comprometen por un momento sus vidas pero que son resueltos satisfactoriamente a la vista de los niños. Es importante que la madre o el padre sepa dar respuestas a las dudas y temores de los niños sin decirles "son fantasías nada mas", porque de todas formas aunque uno quiera minimizar las cosas relegándolas al plano de la fantasía, el niño no lo hace, para él la fantasía forma parte de su realidad viva de todos los días. Con el tiempo puede que se olvide de determinados temores o dudas, pero el inconciente le devolverá con los años respuestas deformadas o mayores preguntas potenciadas por el incremento del conocimiento parcial de las cosas del mundo. El lenguaje y el manejo que se hace del mismo es un factor determinante en la constitución del inconciente. Ante una duda o temor de un niño es importante hablarle y responderle con las palabras que pueda entender, y si para definir una respuesta tenemos que utilizar palabras nuevas, tambien uno debe detenerse para dar respuesta al significado de esa palabra y que quede completa una respuesta integral a la duda planteada, porque de lo contrario puede que se instale en su estructura psíquica una disfuncionalidad que con los años se agrava produciendo trastornos en su vida individualidad tanto como en la relación con los demás. La hipocondría puede tratarse. Puede haber una estabilización en lo personal y la conducta profundizando tanto en lo conciente para conocer sus reacciones y posibles estrategias para enfrentar sus pensamientos compulsivos, como en lo inconciente sobre el origen de la disfunción. Cuando el hipocondríaco reconoce que el problema no es la enfermedad fantasmática que lo acosa, sino que la verdad del problema se centra en su simbolización en relación a la salud y enfermedad, es de por sí un signo saludable por lo cual comienza a recuperarse. Que lo pueda hablar, que pueda reconocerlo y busque ayuda para solucionarlo es un buen comienzo para tratar exitosamente este desorden que afecta a muchos más de lo que puede parecer a simple vista. © Miguel Angel Arce Consultor Psicológico Esp. Desarrollo Personal Sexología Educativa (UBA) Sexología Clínica (UBA) marce@clinicamente.com.ar |
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