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Cuando no se
tiene nada es el mejor momento para empezar a tenerlo todo
"La consultoría
psicológica debe servir en el mundo entero para la ayuda rápida, sin
demoras. El conocimiento de las ciencias sociales modernas puesta al
servicio del que necesita una ayuda ahora y no del que la necesitó
en los años cincuenta, porque el contexto social no es el mismo,
porque mucho de algo cambió, y cambió para siempre....."
Las crisis en el mundo se suceden al por mayor y no son gratuitas ni
se olvidan pronto. Dejan sus marcas, sus secuelas en todas partes y
por mucho tiempo. Sucede siempre cuando algo apunta a la vida humana
misma que no se tiene demasiado tiempo para pensar, discutir,
teorizar. Las ayudas deben ser rápidas a pesar de los errores que
pudieran sucederse, pero además uno, como Consultor Psicológico,
debe tener en cuenta el dispositivo que se utiliza en Consultoría
que nos ayuda a superar esos errores de manera eficaz y con la menor
pérdida de tiempo para encaminar la ayuda necesaria en todo momento.
Un dispositivo que viene de la mano de Lacan y que lejos de
apartarnos del objetivo de la consultoría, enriquece mucho más el
proceso del restablecimiento del ser humano como persona. Crisis
como las que se vive en nuestros países americanos donde la economía
es el eje de la discordia en todos los planos de la sociedad, aún
cuando uno pudiera pensar y rotular las crisis desde su
singularidad, responden de todas formas a la génesis instaurada
desde la creación y distribución de los roles mundiales de países
que se auto-distribuyeron en un mapa de estrategia económica y no
desde la estrategia social. Crisis que se viven en otras partes del
planeta, si bien con sus razones y particularidades, responden de
algún modo a lo mismo, aunque con respuestas diferentes.
La consultoría psicológica debe servir en el mundo entero para la
ayuda rápida, sin demoras. El conocimiento de las ciencias sociales
modernas puesta al servicio del que necesita una ayuda ahora y no
del que la necesitó en los años cincuenta, porque el contexto social
no es el mismo, porque mucho de algo cambió, y cambió para siempre.
En Argentina, la crisis desatada en el año 2001, tiene como todas,
sus secuelas ahora, sus consecuencias se ven ahora, pero no
responden tan solo a un año de historia, son el efecto de varias
décadas de ensayos de acierto y error. De aquel año quedaron
demasiadas semillas que abonadas por la conducta de los dirigentes
florecieron en la personalidad de los dirigidos dejándonos tan solo
amargas frutas que traspasan el gusto más allá de nuestra intimidad
afectando todos los ordenes de la vida social, cultural, económica,
política y privada.
Nuestras creencias, nuestros valores, nuestros sueños, fueron
arrasados casi de manera espontánea sacándonos de la inercia de
creernos en el nido de la abundancia para arrojarnos sin nada al
tiempo de la necesidad. Y no es cuestión de usar el reflejo para
devolverle al otro la imagen de sus miserias, para que vista desde
una perspectiva ajena se vea a sí mismo tal como es y a partir de
eso cambie, puede servir para algunos, pero seguramente no para la
mayoría. No es cuestión tampoco de disfrazar las cosas para que se
olvide de sus angustias y maquille su vida con ilusiones. Se trata
de restaurar nuestra capacidad de relacionarnos de una manera más
auténtica, más simple y solidaria. Se trata de un tiempo excepcional
que se convierte en sensacional, un tiempo donde las excepciones de
otras épocas son las rutinas diarias que uno ve en todas partes y
afectan nuestras sensaciones, nuestras percepciones y nuestras
comunicaciones. Un tiempo así merece la puesta en marcha de todos
los mecanismos de contención social, de capacitación y acción. Un
tiempo asi puede ser la mejor oportunidad para desplegar nuestras
potencialidades en el corto, mediano y largo plazo. Aún recuerdo
aquella frase que alguien me dijo hace algunos años cuando yo no
tenía trabajo: "el momento en que no se tiene nada, es el mejor
momento para comenzar a tenerlo todo", y a partir de alli cambié,
esas palabras bastaron para emprender un cambio en mi posición
subjetiva frente al problema, comencé a ser yo mismo el eje y el
motor de mi trabajo, empecé a producir por mi propia voluntad.
Empecé a pagarme yo mismo por lo que produje con la dignidad de
saber que ponía de mi lo mejor que tenía. Empecé a generar mi propio
bienestar.
Reconstruir una sociedad es una tarea no sólo de políticos y
economistas, sino también de Consultores Psicológicos que somos
especialistas en la relación y sus causas desde lo psíquico y desde
lo social, de Psicólogos Sociales que disponen de otras aptitudes
que suman en lugar de restar, junto a los Sociólogos y Trabajadores
Sociales que deben activar sus conocimientos de manera rápida para
trabajar en forma inter y transdisciplinaria junto a todos los
profesionales de todas las ciencias. Reconstruir una sociedad como
la nuestra lleva su tiempo, pero el tiempo que lleva nunca debe ser
pérdida, siempre debe ser el paso necesario para el logro de mejoras
en cualquier aspecto. Convertir un fracaso en éxito es una tarea con
sentido cuando redefinimos el concepto de éxito y fracaso. A partir
de las redefiniciones podemos entonces volver a vivir con un nuevo
sentido de simbolización compartida y no con las máscaras de un
reflejo que usa aquel que sólo muestra aquello que quiere reflejar
para despertar en el otro las áreas que le son convenientes y nunca
para un avance que pueda poner en duda su presencia y dominio, y no
estoy hablando de un país, estoy hablando de un sector de la
política que sienta sus bases del progreso tan solo en la economía
de mercado, y éstos no tienen bandera.
Lo sucedido en un pais sirve para la modificación de otros estados y
lo no acaecido en un lugar no significa la inmunidad y la gloriosa
bienaventuranza sempiterna de la que algunos intentan convencerse
bajo la sonora risa de la indiferencia. Todo llega a su tiempo y en
su justa medida. "Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es
remedio", decia Serrat en una canción, pero cuando la tristeza se
encarna en el ser humano y no tiene la posibilidad de recrear aquel
primer encuentro con la protección de un Gran Otro en el
fantasmático mundo de las imágenes, lo que late en su interior es la
angustia que lejos de avanzar nos lleva nuevamente a cerrarnos y
volvernos a la no producción sin poder articular palabra que nos
encadene otra vez a los carriles de la realización.
Si no hay solidaridad, si solo palabras ficticias se dicen ante el
reclamo de un temor, de una necesidad, de una ayuda, ¿quien puede
ser tan diferente que se jacte de estar en mejor situación sin hacer
nada por los demás con la seguridad de que nunca le llegará la hora
de tener que vérselas con lo que alguna vez consideró ajeno con
indiferencia y despreocupación?
Miguel Angel Arce
Consultor Psicológico Esp. Desarrollo Personal
Sexología Educativa (UBA)
Sexología Clínica (UBA)
marce@clinicamente.com.ar
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