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SEXUALIDAD, UN RECORRIDO POR EL CUERPO VIVO.


El puente que hace la Psicología y el Psicoanálisis con la Sociología y básicamente con la historia de la sexualidad, será el eje temático de este tema. Este abordaje tiene en cuenta la dimensión cultural en la comprensión de los fenómenos que giran en torno a la sexualidad.

Decir que la sexualidad como categoría humana es muy amplia, polemitizada en el tiempo, habla de una correspondencia en la actualidad que va más allá del interrogante sobre el sexo o sobre la genitalidad.

La idea de sexualidad para una Psicología social intenta ir mucho más allá de esa definición tan limitada por estereotipos morales, estéticos, políticos; punteando cómo se despliegan en el tiempo esas coordenadas, teniendo en cuenta también el discurso médico y el discurso psicológico.
Desde el punto de vista de las perspectivas psicosociológicas sobre la sexualidad, un referente de envergadura es Michel Foucault, quien focaliza las relaciones de poder y sexualidad definiéndolas a partir de un lugar dentro de la Teoría psicoanalítica para ampliar el campo social de la categoría en cuestión.

¿Cómo define el psicoanálisis a la sexualidad? Podemos empezar diciendo que cuando hablamos de una sexualidad humana, hablamos de una alteración de la periodicidad de los ciclos rítmicos reproductivos. Porque no se limita en esa meta natural y tampoco se limita, si bien sigue siendo un impulso universal inherente a la especie, ligado a su base biológica y al hecho que aparte de humanos somos cuerpo biológico, por el cambio en la elección de objeto sexual que en el Hombre es contingente, no es natural, es decir, la singularidad en la elección de objeto. Aquí surge el debate en el discurso médico y el discurso biologicista, desembocando en la modificación del contrato social, en donde el reconocimiento no solo moral y social sino jurídico se hace manifiesto en la legitimación del matrimonio entre personas del mismo sexo, la redefinición de cuestiones y fundamentos teóricos ligados a los mecanismos de sexuación; las disputas actuales sobre los temas de género, es decir, de personas biopolíticamente asignadas mujer y hombre.

Estamos hablando de redefinir el género, la existencia del género como un hecho real y biológico. Foucault diría entonces, que en estos términos la sexualidad construye cuerpo, en donde el cuerpo en su forma tampoco es un hecho natural sino que sobre ese fundamento los discursos y los dispositivos de poder ligados a definir qué es una sexualidad normal y qué es una sexualidad patológica, asignan, recubren ese cuerpo orgánico con marcas que lo sobrecodifican, es decir, lo nombran metaforizando esos cuerpos culturales para ser vistos por otro que no puede diferenciar esos caracteres que los distinguen. Donde el reconocimiento - ocultamiento como dialéctica - no remite a una sola verdad cristalizada, natural y permanente sino que acompañan el cambio, porque no se puede hablar de la transformación de la subjetividad sin hablar de la transformación de la sexualidad.

Las significaciones imaginarias naturalizadas, que hacen a un determinado contexto histórico, trascendiendo el discurso machista, deslizándose por fuera del género de forma invisible, solo pueden ser pensadas bajo la dicotomía machismo - feminismo.

M. Foucault nos habla de los dispositivos de poder, donde la cultura está definida por esos dispositivos, que encarnan una tensión en el campo social, por la producción y la imposición de determinados discursos verdaderos, positivos desde los cuales se conforma una sexualidad humana normal y otra que está por fuera de esa norma, sexualidad patológica, enferma.

¿Qué efectos produce esta concepción discursiva en el sujeto que la padece? Es de vital importancia en nuestro saber - hacer como consultores psicológicos, tener muy clara esta relación para poder hacer algo con el tratamiento de la sexualidad en la subjetividad; en vez de volvernos agentes normalizadores, polarizadores, defensores de un hecho dado, sin interrogaciones ni dudas. Es aquí donde aparece con Foucault el núcleo de su tesis sobre una perspectiva histórica de la sexualidad, titulada "Historia de la Sexualidad"; comprende tres tomos siendo el primero caracterizado por la hipótesis represiva de la sexualidad, como efecto de constitución, desde la mirada psicoanalítica, de lo sexual en tensión con lo subjetivo, a partir de aquello que no se puede ni decir; no aquello que se dijo y se censuró, sino que no ha sido nombrado por un significante o si existió alguna vez fue reprimido en un tiempo histórico tan primario que se hace impensable, es decir, lo abyecto en donde el significante nunca existió en ese universo simbólico.

Para poder sostener esta hipótesis represiva, hipótesis donde ese nombre remite siempre al mismo significante, el significante "sexo" que al ser reprimido es innombrable, Foucault en un primer momento lo que hace al igual que Sigmund Freud y el resto de los autores de ciencia que reflexionaron sobre esto, es partir de diferentes etapas del desarrollo cultural en torno a una definición sobre lo sexual.

Una primera etapa ligada a la bestialidad sexual que llega hasta el siglo XIII, en donde no había normas morales institucionalizadas con suficiente fuerza, como para construir ese dispositivo cultural en torno a la necesidad de una represión del impulso sexual (época de infantilismo sexual). Luego con el periodo medieval, la institución cristiana comienza a generar por cuestiones políticas y económicas, una serie de dispositivos que tienden a producir un efecto de invisibilización y de represión de ese libertinaje sexual primitivo.

El pico observable de este momento del proceso es "la cumbre de la moral victoriana" del siglo XIX.

Para Foucault la hipótesis represiva, en un momento de su obra, la considera insuficiente, porque no alcanza para explicar la manera en la que se construyen los discursos sobre la sexualidad; no era útil para explicar cómo se construían definiciones positivas (absolutas, universales) sobre lo sexual, en donde la parte productiva que da cuenta de lo que sí hablamos, de lo que sí sabemos, de lo que sí creemos entender, no aparece explicada.

Así llega a la hipótesis discursiva, como una hipótesis que sumada a la represiva explique la complejidad de esos discursos tan naturalizados porque no aparecen mediatizados por esta represión.

La hipótesis discursiva tiene que ver con lo institucional, con lo social, con lo lingüístico, en la medida que lo simbólico se llena de discursos positivos que no sólo se busca censurar sino que se enseñan, la educación es a través de lo público y de lo privado (escuela - célula familiar).

El objetivo es el control social; la regulación de los movimientos de los cuerpos; la circulación de los cuerpos en el espacio; de los intercambios de alianzas entre los miembros del contrato social, ya que las relaciones de poder redundan en estos mecanismos.

Caer en la liberalización sexual, década del ´70 en donde desde esta estimulación de no sentirse vacios - reprimidos sino llenos de una carga discursiva que prima la libertad, pero ahí el cuerpo no opina lo mismo, ya no está la excusa de la represión. Entonces hay algo del orden de la relación con el deseo y con los discursos que recortan el deseo, que hacen que se pueda representar determinada práctica o posición sexual, sino también que se pueda sentir esa necesidad en el cuerpo.

Un viraje en la hipótesis discursiva en donde se intenta nombrar todo el tiempo la sexualidad, es produciendo otros discursos que posibiliten el recorte del campo simbólico, desnaturalizando el valor de discursos impuesto, como lo fue la aparición de la píldora anticonceptiva, en donde lo no dicho está del lado de la experiencia sexual por sobre la reproducción sexual; o el uso del preservativo primando el control de natalidad por sobre el sexo seguro.

La sexualidad está relacionada con el placer o con el goce, depende de la escuela que se elija, construyéndola a lo largo de la vida; incluso se puede cambiar.

Por último plantear la sexualidad como una brújula, como algo que guía la cura, es lo que enseña Lacan en "La dirección de la cura", en donde la sexualidad media como garante, vía la transferencia, entre el sufrimiento del sujeto y la interpretación para desarmar el sentido del síntoma.

Silvina Alejandra Carello
Consultora Psicológica

 


BIOGRAFÍA
Foucault, Michel, Historia de la sexualidad, Siglo XXI, 2008.
Freud, Sigmund, Tres ensayos de teoría sexual (1905), "las aberraciones", en Obras Completas, Amorrortu editores, 1978.
Freud, Sigmund, "La moral sexual cultual y la nerviosidad moderna", Revista Sexual-Probleme (1908).

 

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