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Viudez y....¿la
vida continúa? "Así como una disfunción orgánica no tiene por qué considerarse una enfermedad, una alteración en la vida cotidiana de una persona no tiene por qué ser considerada como una patología." Miguel Arce Hace unos días, un amigo me comentó que una tía suya había quedado viuda, y su vida le había cambiado considerablemente. Su marido le había dejado un aserradero y varias propiedades, de los cuales sus hijas le habían dicho: "si querés, vendé todo". Y así ocurrió efectivamente. Vendió las propiedades, el aserradero... y su vida propia. Su vida era su marido. El dirigía la empresa y las propiedades mientras ella se ocupaba de todo lo referente a lo doméstico, hacía las compras de todos los días, asistía a la peluquería para estar bien a los ojos de su esposo, preparaba la comida, y al regresar su esposo del trabajo, compartían charlas y café. Otras veces salían a cenar o hacer compras por las tardes, cuando el tiempo se lo permitía al marido. Su vida era bastante organizada, perfecta, pero al morir su marido, sintió que ella también moría. No tenía amigas ¿para qué? si la vida con él era más que suficiente. Esta situación que a muchas mujeres, y también a hombres, les sucede no siempre tienen la actitud tan extrema como la tía de mi amigo. Si bien perder al compañero/a es un trance dramático, la vida sigue, continúa, avanza... Tal vez si el golpe de perder a la pareja es repentino, su intensidad emocional se potencia, de pronto ese amor que se depositaba en el otro ya no encuentra al destinatario que se ha ido para siempre y no se encuentra la manera de canalizar ese amor. Se cerró la puerta por donde pasaba nuestro amor, nuestra dedicación, nuestra grata compañía y por qué nó, tantas tristezas y amarguras compartidas. Toda esa energía que ya no podemos canalizar se transforma en angustia, ansiedad y dolor con sus intermitencias. La mejor manera de sobrellevar un duelo es rodearnos de nuestra gente más querida; amigos y familiares, saber que no todo está perdido y que la muerte es sólo física, ya que esa persona vivirá para siempre en el recuerdo de cada integrante de cada uno que lo haya conocido y amado. Hay quienes se debaten entre la culpa y autoflagelo, pero si aparecen estos sentimientos, uno debe preguntarse el por qué de tales sentimientos, muchas veces pasa que uno puede estar preguntándose constantemente "¿por qué a mi?" pero uno debe entender que la pérdida de un ser querido no es un castigo, aunque sea un proceso difícil de transitar. Verbalizar las angustias y los pensamientos negativos bajarán el nivel de ansiedad y se sentirá un poco mejor. Compartir esos momentos angustiantes con un amigo o familiar nos ayudará a sacar ese peso que tanto cuesta llevar. Tratar como mejor se pueda, de recuperar la rutina, de a poco y establecer otras nuevas pautas para comenzar a vivir esta nueva situación, nos ayudaremos a encaminarnos hacia una nueva etapa que como todos los nuevos comienzos es con lentitud pero con firmeza, recordando aquella frase que dicen los chinos "esto también pasará" © Paula Díaz Consultora Psicológica Esp. Desarrollo Personal pauladiaz73@hotmail.com |
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