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Vocación -
Encontrar el camino Todos nosotros en algún momento de nuestra vida hemos pasado por el difícil momento de decidir un camino que nos integre y nos permita desarrollarnos en el simbólico mundo en el que vivimos. Generalmente es la etapa en que nos encontramos transitando un sin fin de cambios, no solo a nivel biológico, sino tambien en otros órdenes no menos importantes que se sufren constantemente debido a la nueva posición que ocuparemos en nuestro entorno inmediato. Ya no somos niños y sin embargo todavía queremos jugar, ya no tenemos el mismo cuerpo y sin embargo queremos movernos en los mismos ámbitos, aunque sabemos que hay otros en los que podemos hacerlo estrenando una nueva sensación. Los sentimientos se revolucionan a la par que se revolucionan nuestras hormonas creando situaciones novedosas, angustiantes y venturosas. Es el momento de la adolescencia, es el momento adolescernos y adolescer a los demás con todas las cosas propias de esos momentos únicos en nuestras vidas, aunque no irrepetibles, porque aún cuando la edad biológica indique que ha pasado el tiempo de la adolescencia, muchos aún continúan debatiéndose en los mismos parámetros de aquellas edades. Se dice que la adolescencia se ha extendido en nuestra cultura y algunos hablan de adolescencia tardía, llegando a desdibujarse la edad en que finaliza. Generalmente se tenía por finalización de la adolescencia la misma edad en que la ley fijaba la mayoría de edad que difiere de un país a otro pero por uno o dos años, no más. Es a partir de los 21 años que se considera la finalización de la etapa adolescente, pero esto está más ligado a la maduración del hombre como sujeto productor, es decir que el individuo está listo para integrar su fuerza de trabajo al sistema de producción, porque su cuerpo ha alcanzado la maduración necesaria y porque se supone que ha desarrollado eficientemente su capacidad intelectual. Pero esto no siempre es así. Todavía quedan muchas cosas por madurar desde otros aspectos más individuales del sujeto que no son comprendidos por el aparato socio-político, son esos aspectos que quedan circunscriptos a los ámbitos más íntimos y privados, que generalmente, y debido al más o menos incremento de la calidad de vida en nuestras culturas se cree que la adolescencia se ha extendido, pues los problemas más relacionados con la individualidad del sujeto no han sido solucionados ni superados en los momentos que se toma como culminación de una etapa. Es por eso que a los 21 años la adolescencia no termina cuando el calendario lo indica. Simplemente es un referente que sirve más para el desarrollo en la sociedad que para el desarrollo en lo individual. Encontrar el camino que vamos a transitar en la vida no es fácil y sin embargo debería serlo. Los adolescentes de hoy se encuentran en posición más libre de elección y a la vez más compelidos a elegir una tarea que más que nada les brinde la seguridad de permanencia y éxito dentro del sistema a pesar de tener que relegar, en varias ocasiones, aquellas aspiraciones más personales en pos de un mejor aprovechamiento de sus facultades y aptitudes en favor de la totalidad. Antiguamente, las profesiones eran heredables, aquel que era panadero, tendría entre sus hijos, sus seguidores, y sus hijos sabían de antemano cuál era su destino, aquel que trabajaba fabricando ropas o telas, dejaba su profesión a sus hijos que eran continuadores de su obra. Pero esto era debido al sistema imperante en aquellos tiempos y aun cuando el sistema hubo cambiado, en algunas sociedades se mantiene todavía esa tendencia familiar de profesión. Actualmente la sociedad se ha ido diversificando y se respeta un poco más la vocación de sus hijos, aun cuando el objetivo es trascender económicamente desde el lugar que se ha elegido para trabajar y desarrollarse en la sociedad. Es justamente ese afán de ganar dinero y de lograr una mejor posición social y económica que impulsa a muchos a dejar de lado sus mejores aptitudes para trabajar tan solo en lo que les ayude económicamente a sustentarse. Es tal el movimiento productivo de nuestras sociedades, que generalmente no se tiene tanto en cuenta lo mejor que uno sabe hacer, sino el dinero que uno puede ganar. De allí que muchas veces no se tiene en cuenta el deseo que moviliza a los adolescentes y se los impulsa al trabajo como una necesidad urgente y un peso que deben asumir no bien están capacitados para hacerlo, entonces el adolescente no verá que el trabajo es una actividad que nos dignifica y que él mismo puede dignificar, sino que lo verá como una imposición venida de afuera que ignora sus deseos más subjetivos. Y aún aquel que se prepara en la profesión que eligió, tendrá como meta el establecimiento en un lugar de trabajo donde sea mejor pago, lo cual no está mal, pero tampoco está bien, porque en definitiva se subyuga al poder económico más allá de su propia dignidad, pues con esa idea nunca entregará lo mejor si el salario no es de su satisfacción, hará un trabajo a medias y por contrato. Alguien puede decir que de ninguna manera tiene por qué "regalarse" cuando en realidad está preparado para recibir el mejor de los salarios de acuerdo a su formación, está bien, pero tampoco debe ajustarse nada más que a medir sus trabajos por el sueldo percibido, porque de esa manera todo se medirá al valor dinero cuando en realidad la aptitud y la vocación no es medible con ese valor. Ayudar a encontrar un camino en el cual el adolescente puede desarrollarse como un integrante en la producción de una sociedad es una tarea no solo del adolescente sino también de sus mayores que deben acompañarlo en esa búsqueda con aliento y buen afecto, sopesando todas sus posibilidades desde la experiencia y la visión de futuro para el mismo. Puede tambien, necesitar una ayuda profesional para la elección de una carrera o profesión y aún cuando las posibilidades de ganar dinero no sean de las mayores, por lo menos hará de su vida un camino venturoso en el cual podrá desarrollar no solo su capacidad de producción sino también habrá encontrado la forma de desplegar su capacidad humana de poder realizar sus sueños lo cual es a la larga un motivo de alegría y no de arrepentimientos por no haber hecho lo que su vocación le dictaba desde su más profunda subjetividad. © Miguel Angel Arce Consultor Psicológico Esp. Desarrollo Personal Sexología Educativa (UBA) Sexología Clínica (UBA) marce@clinicamente.com.ar |
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