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Crisis en la
pareja ¡Cuántas veces le pasó despertar y desconocer a la persona que se encuentra a su lado! ¿Cuántas veces no reconoció a la persona que compartió con usted sueños, esperanzas y planes? ¿Cuántas veces sintió, que esa persona con la que había pensado que iba a envejecer, que compartiría sus alegrías, frustraciones, buenos y malos momentos, que compartiría su tiempo de vida, era un total desconocido/a? No sólo no era esa la persona de la cual se había enamorado alguna vez, sino que era la antítesis de ese ser compatible con sus ideales y sueños. En ese momento es cuando tambalean todas nuestras certezas. La duda, la bronca, incluso la desazón nos hacen presas fáciles. Uno se empieza a replantear pasado, presente y futuro. Sin ir tan lejos, ¿nunca le pasó ver a su pareja de una forma distinta, sin tanta paciencia, sin esas cosas que antes soportaba sin mayor problema, ahora son casi imposibles de aguantar?. Esa mujer sensual, siempre dispuesta, de buen humor, predispuesta para el amor; que si uno la hubiera podido definir, una de las primeras cualidades que habría resaltado serían su sensualidad y sexualidad, además de de todas las otras cosas que la hacían diferente a todas las demás, esa mujer ahora, se está convirtiendo en un ser apático y cada vez más lejano, que nos desorienta y perturba. Ese hombre que contenía, comprendía y encendía, ahora se está convirtiendo en ese ser "poco apacible", mal humorado, el que nunca está conforme, que exige y no entiende, que pide y no da, que no contiene y exige ser contenido, ese ser que en lugar de encender la llama de la pasión, logra enfriar y aletargar el deseo.... evidentemente, ni uno ni otro se reconocen como los que eran antes.... ¿Qué sucedió acá?, ¿murió la pasión?, y el amor...¿dónde quedó?, ¿qué fue lo que pasó con esa relación idílica, perfecta, que nos daba la fuerza para enfrentarnos a todo y a todos? La cantidad de respuestas serían muchas, tantas como las personas que las buscan, pero el hilo en común podría ser que ya no somos los que éramos. La convivencia lleva a un desgaste, en ocasiones, más rápido del que nos podemos acostumbrar. Las relaciones se erosionan, y es muy difícil que quede fija esa sensación de plenitud que da una nueva relación de pareja. Muchas veces confundimos amor con pasión, con deseo. La necesidad de compañía nos hace idealizar a una persona al grado de ser nosotros quienes ponemos las cualidades que queremos ver en el ser que intentamos nos acompañe el resto de nuestra existencia. Los primeros tiempos, cuando tratamos de enamorar a la persona, nos convencemos que ese es el ideal, la suma de todos nuestros anhelos. Y luego, cuando pasa el tiempo, la pareja se encuentra con las miserias que ambos habían escondido o mínimamente ocultado bajo máscaras de comprensión creyendo y apostando a esa persona tratando de no equivocarse; porque nadie quiere sufrir y menos fracasar en una relación amorosa. Entonces, ¿qué hacemos al encontrarnos en esa situación? ¿tiramos todo por la borda o intentamos encontrar una nueva posición que nos ubique y nos haga aceptar a ese ser tal como es y no como pretendemos que sea? A ese ser diferente, a ese ser que nos ame, no por lo que busca sino por lo que somos nosotros, que nos ame con nuestros errores, con nuestros defectos, con nuestras virtudes. En definitiva, con esa persona que puede llegar a ser perverso/a o encantador/a, a ese ser que contradice, que cambia contínuamente, que modifica posiciones, ya que evoluciona y crece, que sufre cambios porque está vivo y lo cotidiano lo atraviesa y que debe adaptarse a situaciones cambiantes como la vida misma. Las condiciones de la vida nos obligan a cambios contínuos, y en una pareja también se notan, hay elementos modificadores de la pareja: lugar de residencia, cambios de trabajo, situación laboral, economía, nuestros cuerpos, nuestra cultura, y también la llegada de los hijos. Y si no evolucionan juntos se hace muy difícil continuar, en ocasiones se hace imposible. Estará en cada uno de nosotros defender y mantener eso que nos costó tanto. En ocasiones se necesita ayuda de un tercero para que medie y lograr el equilibrio necesario para seguir la cotidiana lucha por la anhelada felicidad. Ese tercero no puede ser cualquiera, debe estar munido de conocimientos y técnicas imprescindibles para abordar este tipo de crisis, en las que algunas veces nos encontramos. Los consultores psicológicos estamos preparados con las herramientas de las distintas vertientes psicológicas y filosóficas que implementamos desde nuestra preparación para el tratamiento de personas sanas en crisis, personas que necesitan de apoyo y orientación para sobrellevar entre otros, estos tipos de problemas. Personas normales que pueden modificar situaciones que son sumamente angustiosas y a veces hacen peligrar, no sólo a la pareja, sino la cotidiana vida en todos sus aspectos, ya que perder una pareja, que se suponía bien lograda nos puede llevar hasta una depresión desde leve a severa, y una persona deprimida no se desarrolla ni deja desarrollar a sus seres queridos más cercanos, corre el riesgo de quedarse solo/a. Con un proceso que puede ser individual, de pareja o grupal donde otras parejas que estén pasando por circunstancias similares, se puede conseguir sobrellevar esas etapas adversas que son tan comunes hoy en día. Alejandro Zanella Consultor Psicologico Esp. Desarrollo Personal a_zanella@argentina.com |
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