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Universal Sexualidad en las distintas etapas de la vida ¡Oh, Lilith!...Buscando a la ¿mujer verdadera?
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Consultoría en Sexualidad Parte de nuestra vida, vida de nuestra parte, la sexualidad. Somos seres que nacemos por sexuación, la unión de ambos sexos en nuestros padres nos han dado la materialidad de nuestros cuerpos que a semejanza de ellos nos manifestamos en el mundo para repetir, en la mayoría de las veces, el ciclo reproductivo que nos permite continuar como especie humana en el reino natural. Y así nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Pero a pesar de nuestra similitud con los animales, nos diferenciamos por algo que además de ser constitucional, heredado, aprendido y característico, es único hasta donde conocemos de nuestro mundo, tenemos autoconciencia. Tenemos conciencia de nosotros mismos ante la diversidad y es por ello que nos llamamos individuos. Seres indivisibles a pesar de cualquier similitud. Y es justamente esa indivisibilidad lo que nos permite elevarnos de la simple materialidad del cuerpo para alcanzar la multiplicidad de ideas que nos constituyen más allá de los límites naturales para entrar en el reino del pensamiento y la vida psíquica. Y es allí, en nuestra extensa vida psíquica donde el sexo se manifiesta gracias a la materialidad del cuerpo que pulsa desde sus órganos para cumplir con funciones propias y naturales del mismo aún cuando un sector de nuestra psiquis gobernará y administrará esos goznes del cuerpo. El sexo no es sólo el latir de órganos asociados a la reproducción y al cual le damos un uso diferente de lo previsto por la naturaleza para el cumplimiento de una orden reproductiva latente y particular, sino que también nos permite desplegar nuestras facultades intelectuales debido al esfuerzo que supone alcanzar una liberación por descarga de tensiones ejercidas inconcientemente. En la red existen infinidad de páginas relacionadas al sexo, y son las más visitadas por millones de personas en el mundo entero, pero no todas hablan de sexo, sino que son válvulas de escape por donde transita nuestra imaginación por un momento en el que el potencial simbólico desplegado gracias a la visualización e imaginación, nos permite evadirnos algunas veces o aprisionarnos en otras. Hablar de sexo, en el mundo de hoy, no es una opción, es una obligación. Obligación a la que debemos ajustarnos desde el saber y no desde el placer solamente, porque son muchas las atrocidades que se cometen en la actualidad por la poca información, por la represión, por la desvirtualización que se hace de ese aspecto inherente a nuestra vida. Se colma demasiado el placer en desmedro del saber, se hace más hincapié en el interés que produce que en el capital humano al que se destina, y eso es conveniente para algunos pero perjudicial para muchos. En esta urbana vida de nuestra sociedad, es importante reconocer el lugar que ocupa el pensamiento puesto en el deseo y cómo canalizar ese potencial de forma armónica e integradora para beneficio de uno, de muchos, de todos. Es importante reconocer el lugar que ocupa la mujer que no siempre es ocupado por una mujer, muchas veces ese lugar tambien puede ser el del hombre, de una sociedad, de un pueblo, de una nación entera, que debe someterse a reglas y mandatos de quien detenta el mando. Estudiar, analizar y hablar de sexualidad también nos remite obligadamente a estudiar y analizar el rol de la mujer en la historia para conocer la sintomatología del ser humano que no es el humano que se ve, sino aquel que desde las sombras del ser pulsa para jugar su propia historia a pesar del cercén social. Que juegue bien o que juegue mal, eso dependerá no sólo del individuo, sino también de la sociedad que lo ha formado, y porque si lo social es formativo también debe ser informativo, es decir comunicarle a través de los medios más idóneos las mejores posibilidades para lograr una vida más plena, más feliz y más productiva. Porque lo que no se informa como se debe, se deforma como no se quiere, y a la larga es la sociedad entera la que se arrepiente. ©
Miguel Ángel Arce
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