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¡Oh, Lilith! -
Buscando a la mujer verdadera
Existe una
historia que los antiguos libros hebreos contienen y que en la
compilación de textos que formarían la Biblia se omitió mencionar.
Una historia que fue arrancada de aquellos libros para hablarse de
ella tan solo en referencia indirecta, jamás por su verdad ni su
nombre.
Fue vilipendiada y excluida, fue denigrada y destituida, fue negada
y nunca mencionada, pero nunca fue olvidada. Es la historia de
Lilith. Según cuentan las historias hebreas, cuando Dios vio que el
mundo podía ser habitado por seres hechos a su imagen y semejanza,
creó del barro a un hombre y a una mujer. Los creó juntos del mismo
barro y les otorgó el mismo poder a ambos sobre toda la creación.
Adán, el rey varón compartiendo su reino con una reina tan poderosa
como él de nombre Lilith.
Ambos vivían en los jardines del edén. Ambos compartían sus vidas y
tenían dominio sobre todo lo creado. Pero Lilith era una mujer
totalmente independiente, la primera mujer que desciende de la
divinidad misma, la primera de su linaje. Una mujer así que vivía
feliz en el paraíso no la tentaba nada ni nadie, era la perfecta
representación, junto con Adán, de Dios en la tierra. Fue así como
Lilith corría libre por los jardines y jugaba junto a las aves del
paraíso. Todos estaban enamorados de su belleza y se sometían
dócilmente a su poder. Nada se resistía ante la influencia de Lilith
y sobre ella no había quién pudiera imponerse salvo Dios. Adán nunca
la encontraba en su casa, ella siempre estaba ocupada con
actividades fuera del hogar, no atendía a su esposo como su esposo
reclamaba y el poco tiempo que le dedicaba era tan feliz que Adán no
podía soportar que su mujer no estuviera más tiempo con él.
El problema surgió cuando Adán, alentado por Dios quería que Lilith
tuviera relaciones poniéndola a ella debajo, a lo que ella se negaba
rotundamente por haber sido hecha del mismo polvo y tenía los mismos
derechos que él. Entristecido, Adán tenía que negociar siempre con
Lilith ante cualquier situación, pues al tener la misma jerarquía
los dos, ella no permitía que alguien quisiese sobrepasarla.
Entonces Adán acudía a Dios una y otra vez para contarle sus penas y
llorar porque su amada esposa no estaba todo el tiempo con él y al
tener el mismo rango en la creación ella era dueña de todo lo creado
al igual que él. Dios en su infinita misericordia, lo consolaba, lo
contenía y lo volvía a enviar al paraíso para intentar vivir la vida
tranquilamente con Lilith, mientras tanto hablaría con la mujer para
que comprendiera más a su esposo.
Adán intentó de mil maneras conformar a Lilith con regalos, con
caricias, con una entrega total, pero Lilith no se sometía a él ni
era comprada con nada, no le hacía caso y seguía siendo la reina de
todo lo creado, tanto que era ella muchas veces quien le sugería las
tareas que debía hacer Adán, cuando en realidad él quería dar esas
ordenes, que por supuesto Lilith no acataba ni en broma.
Cansado de la situación llegó por enésima vez a Dios y le dijo que
no soportaba más, que ella no le hacía caso, que era imposible
convivir con una mujer tan independiente como Lilith, que la amaba
pero no sabía ya qué hacer para dominarla. Volvió a su hogar como
siempre después que Dios le pidió comprensión para con ella y que
tratara de vivir en paz en el jardín del edén, que para eso los
había creado a ambos. Llegó a su casa y como siempre Lilith no
estaba, pero cuando vino, se armó una gran discusión y Adán sentó su
posición diciendo que a partir de ese momento él sería quien tendría
las riendas del hogar y su mundo, y que ella debería seguir sus
ordenes. Lilith, por supuesto ni se inmutó pero en un momento ella
pronunció el nombre sagrado de Dios. En ese momento le crecieron
alas y salió volando como los ángeles fuera del paraíso. Aquella
noche se fue de la casa dejándole todo a él, el jardín, los animales
y todo cuanto había sido creado. Se fue para nunca más volver.
Cuando Adán despertó se vio solo, la buscó por todas partes
llamándola desesperadamente, hasta que por fin se dio cuenta de la
realidad. Acudió nuevamente a Dios en busca de consuelo y pasó
muchos días solitario en el paraíso. Viendo Dios que no era bueno
que el hombre esté solo, un día lo hizo dormir profundamente, le
extrajo una parte de su carne y creó a una nueva mujer. Cuando Adán
despertó, le dijo que esta mujer era carne de su carne y huesos de
sus huesos, que a ella sí podría gobernar. Y se llamó Eva, la madre
de sus hijos.
La historia de Lilith nunca fue aceptada y los libros fueron
mutilados con el fin de dar una fundamentación al poder masculino
sobre el femenino en tiempos fundacionales de nuestra cultura,
además la figura de Lilith ha sido como todo exiliado, vilipendiado
y difamado por parte de quien tiene el control, es así que luego se
la asoció a la figura del mal esposándose con un demonio. Pero Adán
nunca superó la pérdida de su primera mujer. Amaba a Eva, pero
extrañaba a Lilith.
Esta historia nos muestra cómo el objeto de goce está dividido en el
hombre y en la mujer con la diferencia que mientras en el hombre esa
división del objeto de deseo está afuera, en la mujer está en su
interior, según Lacan un hombre cuando desea a una mujer no la ve
como a una madre, y cuando ve en su esposa a una madre, ya no la
desea. El hombre siempre se encuentra ante la disyuntiva de la
amante y la esposa, entre el amor de la mujer que goza del sexo y de
la mujer que convertida en madre de su prole sostiene el mandato
familiar. En la mujer esa división es interior, su comportamiento
puede orientarse a ser la Lilith de la historia o ser la madre Eva,
dedicada y sumisa en las tareas que el hombre le asigna. En ese
juego de encuentros y desencuentros el hombre y la mujer pasan sus
vidas intentando ser y no ser el uno para el otro, sin que puedan
dejar de ser el uno para el otro. Así en la mujer siempre está la
idea de una "otra", cuando no es la esposa que sospecha de una otra,
cierta o imaginada, es la amante mujer que recela de la esposa o la
mujer "legalizada".
El mito de Adán, Lilith y Eva nos muestra la verdadera naturaleza
del ser humano. Es una historia de la que se desprenden muchísimas
conclusiones y todas con algo de una verdad, un trozo arrancado del
inconciente que se patentiza en palabras propias de cada quien que
ve en el mito una parte de su verdad. Hay quienes lo verán desde un
estricto punto de vista religioso, otros desde un punto de vista
racional, y hay quienes lo verán como una fantasía. Lo cierto es que
de la historia podemos sacar conclusiones que nos llevan a
replantearnos ciertas cuestiones que en definitiva están apuntando a
una verdad multi-facética como un diamante que brilla gracias a
todos sus lados facetados. Lacan decía que si él tenía que buscar la
verdad, la buscaría seguramente por el lado de la mujer. Es la mujer
la que atraviesa fácilmente los semblantes de lo real, pero esto no
significa que la mujer sea lo real.
La mujer verdadera no es Lilith, aunque los grupos feministas se
empeñen en ver en esta representación a la mujer emancipada
enfrentando al hombre y poniéndose arriba de él demostrando una
superioridad que juega en el mundo fálico. No es la mujer que domina
sobre el varón a costa de cualquier precio. Es en todo caso una
mujer competitiva, emancipada si se quiere el término, pero no es la
mujer verdadera, ya que para ser una "mujer verdadera" debe aunar en
sí el deseo y el amor, jugarlo en el mundo y aún asi no perder su
condición. Mujeres en el mundo que han logrado vencer las
resistencias masculinas y han logrado puestos de relevancia,
antiguamente reservados a los hombres, hay miles por cierto, pero no
significa nada más que un avance en los roles que se juegan dentro
de un mundo de las positividades. No es otra cosa que un intento de
poder sostenerse en el mundo con lo que el mundo le da. Mientras el
mundo sea mundo, mientras exista la luz y la oscuridad, el día y la
noche, los polos opuestos encontrándose y desencontrándose
infinitamente, el mundo seguirá siendo fálico. La mujer verdadera
sabe esto y sin embargo lo acepta y no resigna su goce, lo juega en
nuestro imaginario mundo a pesar de las barraduras simbólicas que
velan nuestras esencias.
Una de las películas en la que puede apreciarse el grito desesperado
de una mujer para integrarse en el mundo es "La Profesora de Piano"
o "La Pianiste" en su idioma original. Ella a pesar de su semblante
de autosuficiencia cae bajo la angustia de no poder encontrar ese
significante que la sostenga en el mundo como una mujer verdadera,
una mujer que tenga la credencial de haberse sumado a nuestro mundo
simbólico con la garantía de éxito. Allí puede apreciarse como el
nombre del padre ha sido forcluido y la boca del cocodrilo intenta
cerrarse a pesar de todos los esfuerzos que ella hace para no
sucumbir. Finalmente se desata la psicosis aún cuando como último
intento la verdad la llevará clavada en su corazón.
Saber estas cosas sobre el hombre y la mujer en Consultoría
Psicológica es fundamental para poder ayudarle tanto a un hombre
como a una mujer en su demanda de ayuda. Conocer la génesis de la
estructuración psíquica de un hombre y de una mujer nos ayuda a dar
un consejo más acertado, más acorde a lo que subjetivamente se juega
en ambos para brindarles una respuesta que resuene en el otro como
la oportunidad de encontrar un camino, una solución a su
problemática que responde a modelos estructurados desde el
nacimiento de nuestras culturas con efectos en el presente más allá
de los mitos.
No existen demasiadas mujeres verdaderas, todas en alguna medida
están atravesadas por el mandato fálico y se rigen por el mismo. Una
mujer es verdadera cuando sabe jugar su goce y sabe con qué goza
verdaderamente, sabe darle lugar a su Lilith interior, así y todo
puede de todas formas ser la Eva encarnada en lo social. Una mujer
verdadera no puede ser acompañada por cualquier hombre. Tan solo un
"hombre verdadero" puede estar a la altura de ella, pero.... aqui
hay otro dato del que no se ha hablado. Hablar del hombre verdadero
requiere mayor espacio y comprensión, es otra historia que junto con
la de la mujer verdadera hacen un momento único en la vida de dos
seres, pero para cuando llega el hombre verdadero a la vida de esta
mujer solo pueden suceder dos cosas. Dos cosas de las que no se
hablará ahora, sino más adelante, en el otro capítulo.
Clr. Miguel Ángel Arce
Consultor Psicológico
Esp. Desarrollo Personal
Sexologia Educativa (UBA)
Sexologia Clinica (UBA)
arcem@clinicamente.com.ar
Clínicamente
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