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Salud
Sexual y Procreación Responsable
Asistir a un encuentro con un counselor o agente de salud, puede muchas veces, verse postergardo debido a diversos factores. Uno de los motivos tanto en hombres como en mujeres puede que sea la exposición de su problema que lo considera íntimo y le cueste entablar una charla con un consejero. Nuestra vida sexual es parte de nuestra vida laboral, estudiantil, familiar, grupal, individual, social, y por qué no tambien diría espiritual. El sexo y la sexualidad están ligados por el deseo que recorre nuestros pensamientos y se deposita en cada uno de nuestros actos, y así como cada uno busca la mejor manera de hacer sus actividades en su vida cotidiana, de la misma forma uno busca en su cotidiana vida dotarla de momentos inolvidables en los que el amor y el sexo ocupan un lugar preponderante a pesar de lo velado que pueda verse o mostrarse. En estos tiempos, hablar de salud sexual es hablar desde la prevención y no desde la asistencia cuando ya hay una enfermedad, aunque cuando existe una enfermedad también puede hacerse prevención de efectos emanados de la misma. Tanto los hombres como las mujeres merecen conocer sus posibilidades para el desarrollo de una sexualidad sana, que sea placentera, sin riesgos, merecen y tienen el derecho a decidir el momento propicio para procrear y aún así disfrutar de una vida sexual que les permita la satisfacción plena en sus vidas. Según la Declaración Universal de los Derechos Sexuales que se sancionó en Hong Kong en el año 1999; el ser humano, hombre, mujer, tiene el derecho de decidir la cantidad de hijos que desea tener, el tiempo entre un nacimiento y otro, y el derecho a los métodos de regulación de la fertilidad. Pero hay que tener en cuenta especialmente que los derechos deben ser ejercidos con responsabilidad, y para que haya responsabilidad debe haberse instalado de manera fehaciente en cada individuo un conocimiento amplio sobre las posibilidades que tiene para ejercerlos, es decir que si no tiene acceso a la información, esa responsabilidad estará limitada a lo que pudo conocer, razonar, comprender o aceptar. La procreación es un acto que sucede en todas partes y en todos los seres vivos, pero lo seres vivos llamados humanos tenemos la capacidad de prevenir y ejercer nuestros actos con naturalidad y responsabilidad. El respeto por nuestras vidas también significa tener en cuenta a la presencia de un otro que se encarna en nuestros hijos, cónyuges y familia; y ejercitar nuestros derechos en una procreación responsable permite:
Podemos decidir cuando hemos tenido acceso a la información, cuando tenemos conocimiento sobre los métodos anticonceptivos que mejor se adaptan a nuestro caso, respetando tanto las convicciones de uno como el otro integrante de la pareja y sus deseos. Asistir a un encuentro con un counselor o agente de salud, puede muchas veces, verse postergardo debido a diversos factores. Uno de los motivos tanto en hombres como en mujeres puede que sea la exposición de su problema que lo considera íntimo y le cueste entablar una charla con un consejero, pero esto no debe ser motivo de anulación de la posibilidad de conocer más acerca de sus propios derechos y ejercitar su sexualidad de manera plena sin riesgos, cuidándose y cuidando al otro. Un consejero siempre brindará un espacio privado en el cual pueda hablarse de manera confidencial y de manera atenta. La empatía, la congruencia y la aceptación positiva incondicional son cualidades que todo consejero tiene siempre presente en el trato con la persona que busca información sobre su sexualidad. La escucha activa es la que puede devolver luego un asesoramiento más acertado y acorde a sus necesidades. La salud sexual no sólo se refiere a una procreación responsable, también hay que tener en cuenta otros aspectos que tanto la familia como el individuo deben conocer, y el consejero debe recomendar:
Los modos de vivir la sexualidad ha cambiado a través de los tiempos, no es posible vivir la sexualidad tal como se vivía en otras épocas porque aprendemos a expresarnos en un mundo donde las comunicaciones son más veloces y la información está mas cerca modificando nuestro entorno y nuestra capacidad de entender, razonar y aplicar sumando nuestros sentimientos en un mundo de relaciones que también espera de nosotros el mejor aporte para hacer una sociedad más justa y sana. Vivir nuestra sexualidad en la primer década del tercer milenio debe estar signada mayormente por la prevención, poniendo el acento en la salud y en los métodos que aseguren una mejor calidad de vida tanto en lo social como en lo individual.
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